Alberdi, en versión libre

Alberdi, en versión libre

La historia argentina tiene una propensión natural y recurrente a buscar en el pasado claves para interpretar el presente. La llegada de Javier Milei a la presidencia volvió a colocar en el centro de la discusión a Juan Bautista Alberdi, una de las figuras decisivas del liberalismo argentino. Pero su legado dista de constituir un cuerpo de ideas uniforme y cerrado.Dos novedades editoriales, Un presidente que sea como un rey, de Patricia Kolesnicov (Planeta), y La culpa la tiene Alberdi. Libertarios desde Alberdi a Milei (1836-2026), de Oscar Muiño (Lumiere), permiten explorar las afinidades y distancias entre el pensamiento alberdiano y el proyecto libertario, trazar paralelismos y examinar las dificultades que plantea trasladar aquellas ideas a la actualidad.Se parte de una premisa: la apelación de Milei a Alberdi no es solo una referencia ornamental ni una operación de marketing político carente de sustento intelectual. Existen coincidencias reconocibles, en particular en la defensa de la iniciativa privada, la propiedad y las libertades económicas, así como en la convicción de que el orden institucional debe favorecer el desarrollo de una sociedad abierta al comercio y la inversión. La cuestión es hasta dónde llega esa filiación y qué aspectos del pensamiento alberdiano quedan relegados cuando se lo convierte en fuente de inspiración - o legitimación- para un programa de gobierno de fuerte impronta disruptiva.En Un presidente que sea como un rey, Kolesnicov examina una de las dimensiones centrales de esa relación: la concepción alberdiana del Poder Ejecutivo. El autor de las Bases defendía, para una Argentina todavía marcada por las guerras civiles, la fragmentación territorial y la debilidad de sus instituciones, un Ejecutivo dotado de amplias atribuciones.Alberdi no concebía la organización republicana como una simple suma de poderes equilibrados en abstracto, sino como un orden constitucional capaz de garantizar la estabilidad y promover la transformación económica. Esa preferencia por un presidencialismo fuerte ofrece un punto de contacto con la concepción del poder que expresa Milei, aunque no basta para establecer una identidad entre ambos proyectos.El debate adquiere así una dimensión institucional. La concentración de autoridad que Alberdi consideraba necesaria para organizar el Estado nacional respondía a las circunstancias de su época y estaba inscripta en un marco constitucional determinado. La invocación contemporánea de ese antecedente obliga a preguntarse cómo se articulan hoy la capacidad de decisión del Ejecutivo, las atribuciones del Congreso y los mecanismos de control republicano. No se trata de negar las semejanzas, sino de distinguir entre la defensa de un gobierno con iniciativa y la interpretación de esa iniciativa como una habilitación para prescindir de los contrapesos institucionales.Por su parte, el libro de Oscar Muiño reconstruye la genealogía intelectual que conecta a Alberdi con el libertarismo contemporáneo. Su recorrido destaca la influencia efectiva del pensador tucumano en la formación de ese universo de ideas y en la orientación del gobierno de Milei.La relación no se reduce, por lo tanto, a una apropiación retórica: existe una tradición liberal argentina en la que el actual presidente busca inscribirse y que encuentra en Alberdi una referencia central. El interés del enfoque de Muiño reside precisamente en examinar esa continuidad histórica, sus mediaciones y las distintas maneras en que un legado intelectual puede ser recuperado por actores políticos de épocas muy diferentes.La lectura conjunta de ambos libros permite reconocer la filiación alberdiana del mileísmo, pero también advertir que toda tradición se construye mediante selecciones, énfasis y reinterpretaciones. Alberdi fue un defensor de las libertades económicas y de la iniciativa privada, pero también un pensador de la organización nacional y la educación pública, atento a las condiciones políticas e institucionales necesarias para hacer posible el desarrollo.Integrante de la Generación del 37, participó de un movimiento intelectual progresista para su tiempo, que buscaba superar la herencia colonial y el orden político pos-revolucionario mediante nuevas ideas sobre la nación, la libertad y el progreso. Su trayectoria y su obra, atravesadas por tensiones y cambios, no pueden reducirse a una defensa abstracta del mercado ni trasladarse sin mediaciones a los desafíos de la Argentina del siglo XXI.Leer estos trabajos en conjunto invita a formular una pregunta que excede la disputa por la herencia de un prócer: ¿cómo se compatibilizan la libertad económica, la eficacia del gobierno y el respeto por las instituciones republicanas? Milei encuentra en Alberdi una tradición que le proporciona referencias históricas y argumentos para su programa. La cuestión es determinar qué elementos de esa herencia conserva, cuáles reinterpreta y cuáles quedan fuera de su lectura.La disputa por Alberdi no es, en definitiva, un mero ejercicio de historia intelectual. Es también una discusión sobre las distintas maneras de entender el liberalismo, el Estado y la república. Volver sobre el pensador tucumano implica reconocer tanto las afinidades que explican su presencia en las ideas del actual gobierno como las particularidades de su tiempo y la complejidad de una obra que desborda cualquier apropiación política. Alberdi puede ser una referencia para el mileísmo, pero -está claro- no se agota en esa lectura: su legado sigue abierto a interpretaciones que también permiten interrogar críticamente las derivas insospechadas que ha tenido y sigue teniendo.

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